El sangrado de la nariz, también conocido como hemorragia nasal o epistaxis es la pérdida de sangre del tejido que recubre la nariz, y se puede deber a varias causas como golpes, irritaciones, alergias, resfriado, sinusitis, tabique desviado, barotrauma, síndrome de Osler-Weber, hipertensión y trastornos hemorrágicos.
La nariz contiene una gran cantidad de vasos sanguíneos diminutos que sangran fácilmente. La mayoría de estas hemorragias ocurre en la parte frontal del tabique nasal, el tejido que separa los dos lados de la nariz, aunque también se puede presentar con menos frecuencia en la parte alta del tabique o más profundamente dentro de la nariz.
Las hemorragias nasales son más frecuentes durante el invierno debido a las alergias y resfriados debido a que el aire caliente de las áreas internas con calefacción reseca las fosas nasales.
Hay que tener en cuenta que los anticoagulantes pueden causar o empeorar las hemorragias nasales.
Muchas hemorragias nasales pueden controlarse. Cuando se presenta el sangrado en la nariz, la persona debe sentarse y apretar suavemente la porción blanda de la nariz entre los dedos pulgar e índice, de tal manera que las fosas nasales estén cerradas, durante 5 minutos. Inclínate hacia adelante para evitar tragar sangre y respira por medio de la boca. Puedes también humedecer un algodón con agua oxigenada e introducirla en la entrada de la fosa nasal. La aplicación de compresas frías o de hielo sobre el puente nasal también puede ayudar. Espera por lo menos 10 minutos antes de verificar si el sangrado se ha detenido. Si la hemorragia persiste, se puede emplear un descongestionante nasal en aerosol para sellar pequeños vasos sanguíneos y controlar el sangrado.
Si la hemorragia no se detiene durante 20 minutos, se debe contactar a un profesional médico.
Para prevenir que se vuelva a presentar un sangrado de nariz hay que evitar sonarse la nariz, no realizar actividad física por algunos días y no hacer esfuerzos ni agacharse a levantar algo pesado.
