La muerte no es un tema fácil de sobrellevar para nadie. El duelo es una emoción humana, un proceso de adaptación emocional que se presenta cuando una persona pasa la trágica experiencia de sufrir una pérdida. Es un camino de tramos de retrocesos y avances.

El duelo suele durar entre 3 y 6 meses, aunque puede persistir hasta los 1 año cuando se trata de la pérdida de un ser querido muy allegado (madre, padre, hijo, cónyuge…). En el caso de que los síntomas no cesen y provoquen que la persona no pueda desenvolverse en su vida normalmente, es de vital importancia buscar la ayuda de un profesional, psicólogo o psiquiatra, y es que la persona afectada puede estar sufriendo un episodio de depresión crónico, lo que implicaría un duelo patológico.

El duelo consta de 5 etapas, definidas en 1969 por la psiquiatra suizo-estadounidense Elisabeth Kübler-Ross. No siempre se cumplen todas la etapas, ni necesariamente ocurren en el orden señalado.

Entre las etapas del duelo encontramos a:

Fase de Negación: Negarse a sí mismo o al entorno que ha ocurrido la pérdida. Las frases más comunes son «Me siento bien», «esto no me puede estar pasando, no a mí», «no puede ser». Se trata de una reacción de defensa para postergar, aunque sea un poco, el impacto de la agresión de la noticia. La negación es solamente una defensa temporal para el individuo. Se trata de una de las etapas más duras de sobrellevar, pero también suele ser la más breve.

Fase de Enfado, Indiferencia o Ira: Estado de euforia por no poder evitar la pérdida que sucede. Se buscan razones causales y culpabilidad. Las frases más comunes son «¿Por qué a mí? ¡No es justo!», «¿cómo me puede estar pasando esto a mí?», «¿Por qué ahora?». Comenzamos a descubrir cuán heridos nos sentimos y el sufrimiento por el que debemos atravesar. No nos sentimos preparados y esto nos enfurece.
Aparece el enojo con la vida, con Dios y con el mundo. También podemos enojarnos con la persona que falleció, puesto que emocionalmente la culpamos por abandonarnos, pese a que racionalmente sabemos que no debemos culparla. Tampoco es raro que descarguemos nuestra ira contra los médicos o el personal de salud, muchas veces pensando que no hicieron todo lo posible por salvar a nuestro ser querido.

Fase de Negociación: Cuando nos sentimos abandonados o vulnerables, una reacción normal es buscar recuperar el control. Se trata de una etapa de negociar consigo mismo o con el entorno, entendiendo los pros y contras de la pérdida. Se intenta buscar una solución a la pérdida a pesar de conocerse la imposibilidad de que suceda. Se piensa en hacer un trato con la realidad, con vida, en algunos casos con Dios. La negociación es una nueva conducta defensiva que trata de evitar lo inaceptable, un canje que pretende restitución a cambio de buena conducta. La gran mayoría de estos pactos son secretos y sólo quienes los hacen tienen conciencia de ello.

Fase de Dolor Emocional: Se experimenta tristeza por la pérdida, angustia e ideas negativas. Pueden llegar a sucederse episodios depresivos que deberían ceder con el tiempo. Las frases que describen la etapa son «Estoy tan triste, ¿por qué hacer algo?», «extraño a mis seres queridos, ¿por qué seguir?». La depresión es la fase del duelo donde más se atascan las personas.

Fase de Aceptación: Se asume que la pérdida es inevitable. Supone un cambio de visión de la situación sin la pérdida; siempre teniendo en cuenta que no es lo mismo aceptar que olvidar. Llegar aquí requiere que la persona ha tenido el acompañamiento y el tiempo necesarios para superar las fases anteriores. A esta etapa se llega casi siempre muy débil y cansado, pero con paz.